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Terra
La Coctelera

Muñeca, no juegues más con mi corazón

Deisi, ¿qué te has fumaó?, te dije que no le compraras ná al Cabra, que ese sólo vende mierda.

No estas en peligro Deisi, mi madre no ha mandado matones a buscarte, los matones que veías en tu delirio era la Karen, la asistenta, que al saber que sólo te quiero a ti se ha dejado el bigote y se ha ido a buscarte cantando la Bien Pagá en sueco. Como tiene el bigote tan largo y rubio y canta como un perro pisaó, ahora le llaman la Barda, como aquel poeta loco de la aldea de Asterix que daba tanto por culo durante los banquetes bajo la luna, allí por la Galia. Ya sé, esto es mú culto pá ti Deisi, tu no pasaste de Mortadelo y Filemón, pero me da igual, me vuelve loco tu ordinariez, tu forma de hacerme daño, como atraes a los clientes haciendo girar tus bragas sobre la cabeza. Sí, iré a buscarte, en cuanto la Karen se duerma. Mientras te escribo canta feliz en el cuarto de baño mientras se afeita. Me he venido a vivir con ella. Ahora soy como tu, Deisi. La única diferencia entre nosotros es que gigoló suena mejor qué puta.

Ahí viene la vikinga te dejo.

adios mamá

Le pedí a Ernesto que me ayudara a escapar y lo hizo encantado, me odia y quiere a mi madre sólo para él. En cuanto se lo pedír, sin mediar palabra cogió en brazos mi diminuto cuerpecillo me arreó una patada en el trasero y me embarcó en la parte trasera de la limusina. Luego, se sentó al volante levantó el cristal separador y se puso un disco de Juanito Valderrama. No paró ni para mear, del tirón 600 km. para dejarme en la misma esquina del bar de la Cloti donde me había recogido días antes. No me dijo ni adios. Por supuesto que le dejé en la tapicería un regalo que no olvidará.

Mi madre no se morirá de la pena, tan solo quería vender mi triste historia a las televisiones. De muñeco famoso a drogadicto. Aún no se entera de que soy un muñeco enamoraó. Que yo estoy así por la droga del amor, que yo lo puedo dejar todo, menos la Deisi. Perra vida. Me voy por cartones pá pasar la noche.

un poquito sobre mi madre

Al parecer fue el mago Francis el que llamó a mi madre para comunicarle cuaal era mi paradero. Son amigos desde hace muchos años ambos compartieron juventud por los escenarios de España junto con el hombre enmascarado o Pepe camorras, un tipo enclenque casi escuchimizado que gustaba de ir de pueblo en pueblo retando al más bruto del lugar para pelear con él. Tenía un gran éxito con su espectáculo por eso siempre iba el último: después de que Francis hiciera sus trucos de magia y ejerciera de ventrilocuo con mi madre. A ellos les daba tremenda envidia y decían siempre que lo de Pepe no era arte, sino una forma de quitarse el hambre a hostias.

Misteriosamente Pepe Camorras o el hombre enmascarado desapareció una noche mientras participaba en un truco del mago Francis en el que también mi madre tenái su papelito. Era un clásico: Pepe y mi madre se metían en un baúl; el mago Francis lo giraba unas cuantas veces y desaparecían, lo giraba de nuevo y aparecían, pero no. De Pepe nada más se supo y mi madre apareció en un barco en plano triangulo de las Bermudas en los brazos de una niña que se empeñaba en darle de comer carne cruda y clavarle alfileres.

De como mi madre volvió de allí no sé, tan solo sé que al poco tiempo nací yo y que mi padre era era chino se llamaba Guan Tá. Siempre he sospechado que en realidad Guan Tá era Pepe.

Dejo de escribir. Mierda se me ha caído el porro en la alfombra persa de mi madre. Joder, mierda.

Una cosa más: mi madre se llama Genara Moreno. ¿No les suena el apellido?.

Hola Deisi, adios Deisi

En la esquina del bar de la Cloti estaba aparcada la limusina de mi madre. La Cloti en la puerta rodeada de clientes y diez gatos, con la cabeza vendada todavía por el botellazo que yo le había metido días antes, no daba crédito. Un hilillo de baba le bajaba desde la boca desdentada por la barbilla, por la gruesa papada. Me dijo adios con la mano.

La Deisi ya estaba dentro, del coche montando el escándalo. Fue aparecer mi madre y ponerse la Deisi las bragas.

Ya en la limusina me dí cuenta de que mi madre se había restaurado otra vez. Con una capa de barniz había quedado seminueva, como un ninot recien puesto esperando la cremá. Claro que le pasa como a mi: que tiene una cara que ya no se lleva. Ya en mis tiempos yo le daba miedo a los niños ya maleados por Disney en sus gustos infantiles. Ese dar miedo a las nuevas generaciones, fue clave en la decandencia de los muñucos como nosotros. Dos o tres películas de terror de serie B hicieron el resto.

A eso de las seis de la tarde llegamos a Madrid. Ernesto el chofer de mi madre al bajarnos nos dió a la Deisi y a mi un paquetito a cada uno, un surtido de drogas variadas.

- Si os portáis bien no será el último - dijo mi madre y el careto le brillo como a los malos de las películas les brilla el incisivo cuando maquinan algo.

La Deisi me dió la mano y por primera vez en mucho tiempo pensé que la vida merecía la pena.
Fuimos a mi habitación y nos metimos el material de primera que nos había suministrado Ernesto.

Antes de caer desplomados en la cama cada uno inmerso en un universo paralelo al del otro, nos prometimos que sería la última vez que nos drogaríamos. Cuando desperté mi madre me dió la mala noticia: la Deisi se había marchado. ¿Cómo había podido ser tan ingenuo?.

Los niños malos

una de las asistentas se llama Karen y es danesa. Le llaman la vikinga. El otro día se plantó delante mía me cogió por debajo de los sobacos y me levanto hasta la altura de sus grandes ojos azules. Los cerró y me dijo te quiero. La verdad flipé.

- ¿Estas de coña?.

- No, Monchito, te quiero, eres mi niñito, mi hombrecito español.

- Te cagas - le dije. Me salió del alma.

- Eso es un sí, ¿verdad?.

Y sin darme tiempo a reaccionar la mujer montaña me engulló. ¿Cómo explicarle que la Deisi era el amor de mi vida?, Ay. Pero me dejé llevar...a cabrito, ¡qué humillación!, por todo el barrio. Claro que daba igual, los colegas estaban como siempre ciegos en la acera, tirados esperando que abrieran lo de la metadona. Me dió mareo de estar tan alto y le vomité a la vikinga en las trenzas. No sé molestó, es lo que tiene el amor.

- Oye, vikinga, esto del amor está muy bien , pero tengo que recoger mi dosis.

- No te preocupes, chiquitín. A partir de ahora eres un hombre nuevo.

A lo lejos ví a la Desi haciendo ondear las bragas encima de un coche. Estaba dispuesto a dejarlo todo, pero a la Deisi, no, de esa drogra no puedo quitarme.

- Bájame - le grité a la vikinga - bájame.

La vikinga se hizo la sueca. Me tiré por su espalda y dí contra el suelo.Me metí bajo un coche y allí estuvo la vikinga suplicando y llorando de amor dos horas.

Cuando volvía a mis cartones me encontré a mi madre. Al parecer la había avisado el mago Francis de mi paradero. La ví muy guapa se ha echado un barniz nuevo en la cara y parece una muñeca nueva. Claro que le pasa como a mi, que tiene una cara antigua que echa patras.

- Vamos - me dijo - volvemos a casa.

- Yo sin la Deisi no me voy a ningún lado.

- La Deisi se viene también. Se acabó la aventura de los niños malos.

una salida

La muerte vino esta noche a buscarme, pero yo olía tan mal y estaba tan borracho que me dejó allí tirado entre los cartones. ¿A qué infierno podía llevarme ya?.
Ayer por la tarde me fuí para la Deisi que estaba como siempre en la avenida y le dije que lo dejaramos todo, que empezaramos una nueva vida, pero no me escuchaba, hace mucho que no puede escucharme, ella está a mil años luz. Tal vez siempre ha estado tan lejos. Me he equivocado tanto.

Le conté a la Deisi la idea que había tenido la Cloti, la loca que da de comer a los perros y a los gatos de los bajos comerciales donde vamos a tomar litrona y a trapichear con la metadona.

Monchito - me dijo la Cloti - tu lo que tienes que hacer es contar tu vida en la tele. Seguro que te dan un buen fajo de billetes por contar como te has convertido en la mierda que eres.

Es lo que tiene la gente que ama demasiado a los animales, que no tiene caridad con las personas que por circunstancias de la vida vivimos como animales. Bueno, la Cloti es buena gente y yo se que lo hizo para que reaccionara y por darle el gusto reaccioné y le tiré la litrona a la cabeza. Se cagó en mis muertos y se vino para mi con un mechero para prenderme fuego. Salí por patas y cuando me paré me dí cuenta de que me había dado una buena idea. Al fin y al cabo era verdad, yo había sido famoso, conocía secreto de otros famosos y la Deisi también. La cuestión era convencer a la Deisi de que era nuestra oportunidad, pero cuando hablé con ella, ya lo conté antes la tenía delante y no la tenía, así que me fuí a mis cartones cerré los ojos y me diluí en la oscuridad, muy muy lejos del mundo.

tocaguevos

Estaba yo ayer de gorrila en Dos Hermanas cuando apareció en un coche rosa con margaritas verdes el mago Francias y la bella Raquel, su pareja artística de toda la vida.

Me daba verguenza que me viesen así, hecho un tiraó, pero qué coño, igual les sacaba 20 euros para seguir echándome a bajo el cartón de la nariz.

- ¿Monchito?, ¿eres tu?, ¿cómo te va hombre?.- dijo el mago Francis. La bella Raquel ni pestañeó.

- ¿Qué le pasa a la Raquel, Francis?, todavía la hipnotizas para que no se vaya con otro.

- Sigues siendo un cabrón, Monchito.

Cogiéndome el paquete le dije: Ahora llámame, Moncho el del trancho.

Inesperadamente la Raquel salió de su letargo y empezo a reirse descontroladamente.

¡Moncho el del troncho!, grité dando saltos alrededor de la artísitca pareja, la Raquel empezó a volver en sí.

Fue entonces cuando eel mago Francis se lanzó sobre mi y me tapó la boca con un conejo, luego de un pañuelo sacó una tira de banderitas de unos 120 metros con la que me ató, antes de tirarme a un contenedor. Me dormir pensando en lo que siempre me decía JLM entre bastidores:

Monchito eres un tocaguevos.

¿cómo he llegado a esta situación?

Hoy me he quedado dormido y la asistenta no me dejaba entrar en el taller. El Curro el bizco se reía el hijoputa enseñando el único diente que le queda.

Hacia frío fuera, ya lo creo. La asistenta hablaba por el movil y desde la ventana me decía con un dedo que nones, que esperara.

Me abrió a la hora. Yo me había quedado dormido en la puerta, con un porrito en las manos que me había dado la Deisi ayer. Algo es algo.

¿De dónde vienes Monchito?-Me preguntó la asistenta.

Pero pasé de contestar. Eso le daba mucho coraje a JLM cuando era famoso. Me tenía mucho rato en el baúl o decía una tontería y cuando llegaba la hora del show, me callaba. Quedaba como un ventrilocuo de mierda.

A la Deisi le encantaba cuando yo guardaba silencio, fue así como se enamoró de mi, de mi yo rebelde, antisistema. Ella no podía callar nunca, porque desde muy chica le daba a la coca que fue lo que nos perdió a los dos. Ella se metía las rayas de dos en dos y hablaba tan rápido que a MC no le daba tiempo a mover la boca; parecía poseida por el diablo. Una vez un cura subió al escenario y le tiró un vaso de ginebra que bendeció de urgencia. Bramaba en latín como un loco y la Deisi flipó. Estuvo rezando una semana y me dijo que ná de ná si no nos casábamos. Lo hicimos. Fue mi perdición. Mala mujer.